Quieres atención

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Los niños no tienen problema demandando atención y exponiendo sin vergüenza sus deseos  por ella. ¿Cambiaron nuestros apetitos o simplemente aprendimos a esconderlos mejor?

La atención es una fuerte mercancía que fuimos enseñados a pretender que no queremos. Nos dijeron que la madurez significa estar contentos con vivir en las sombras.

Pero hay un problema...

Queremos que las personas nos noten.

Queremos ser vistos.

Queremos ser reconocidos y acreditados.

Queremos ser celebrados.

¿No tenemos permitido admitir que queremos estas Cosas?

Bueno, estoy en desacuerdo.

En mi camino, he encontrado que mi deseo por atención no ha incrementado por tenerla, ha madurado. Me recuperé de estar avergonzado o apenado por abrigar un profundo anhelo por ser el centro de atención. Habiendo recibido mucha atención a través de mi vida, desde hablar en podios alrededor del mundo, hasta tener cientos de personas que me siguen en redes sociales y que responden a mis actividades diarias. Estoy agradecido de haber descubierto que, de hecho, nunca atesoré la atención; atesoré la luz. Atesoré ser conocido y entendido, en ambas, en mis relaciones íntimas y en el mundo en el que vivía. No quería ser notado para mi propia gloria, quería ser reconocido como un legítimo contribuidor a la conversación. Una vez que ese deseo fue validado, es increíble lo poco que me importó si la gente me notaba o no. La ironía de esta jornada es que mientras menos necesitemos ser notados, más vistos nos volvemos.

Todos quieren ser vistos, a cualquier grado. La madurez no es despreciar este deseo, sino admitirlo y permitirnos a nosotros mismos ser vistos en ese lugar. Dejamos que la luz nos toque y mientras nos aclimatamos a la calidez y al aplauso, descubrimos dentro de nosotros mismos el deseo de expandir la luz y de calentar a nuestros hermanos.

Hay un choque que sucede cuando aceptamos ser vistos. Es la renuncia a la ilusión de que tenemos algo de control sobre cómo somos percibidos. La verdad es, que no estamos tan en control de la percepción de otros hacia nosotros como nos gusta pensar que estamos, simplemente descansamos cómodamente en el engaño de que no pueden vernos si nos escondemos. Ser vistos no es tanto un estado natural como lo es espiritual.  Es una batalla interna de aceptar quiénes somos, glorias y fallas por igual, a pesar de si otras personas siguen el ejemplo o no.

Cuando abrazamos la luz, desafiamos la mentira de que esconderse es aceptable. Exponemos la penosa labor de la cobardía en la oscuridad. Nos convertimos en el objeto de ofensa para aquellos que aún están escondiéndose, mientras que simultáneamente nos convertimos en el faro de esperanza para aquellos que quieren salir.

Dios no creó gente gloriosa para esconderlos, sino para exhibirlos. Madurez luce como abrazar la luz, cualquiera que sea nuestra plataforma, y mantenernos en alto, a pesar de quién esté mirando. Es hora de crecer, es hora de ser vistos. Es hora de admitir que lo quieres y que está bien que desees que tus razgos y hazañas sean reconocidos. Adelante, admítelo. Fuiste nacido del amor, es solamente natural que debas celebrar lo que eres y lo que haces, eso es definitivamente lo que el amor está haciendo.

(traducido por Gabriela Santos)